Argentina, oro olímpico

Nada que ver con la selección que venció a los sudamericanos en Atlanta 1996. Los Babayaro, West, Babangida, Kanu u Okocha acabaron con la albiceleste gracias a un gol de Amunike (3-2), un jugador cuya especialidad era sacar de banda. Ayala, Ortega o Crespo se quedaron con un palmo de narices, echando a perder las opciones de una generación fantástica.
Sin embargo, los argentinos, campeones en Atenas, se desquitaron con mucho más oficio que juego, con una selección cuasi mundialista, superior, desde el autobús, a cualquier rival olímpico. Messi y Agüero, sin olvidar la experiencia de Riquelme en la media punta, le dieron un 'plus' de calidad a su equipo, acostumbrado a marcharse sin pena ni gloria de los últimos campeonatos internacionales.
Argentina comenzó dominando el partido, con un juego eléctrico y vertical, aderezado por la velocidad de Messi. Poco a poco, esa vitalidad se fue apagando y Nigeria comenzó a creérselo, ya no eran necesarios los 'padrenuestros'. El conjunto de Samson Siasia intentaba jugar como los sudamericanos, tocando y tocando, para demostrar al mundo por qué estaban en la final olímpica.
En ésas, apareció Odemwingie. El '14' de Nigeria se dedicaba a vejar constantemente a su marcador, Parejo, que corría detrás del africano como un pollo sin cabeza. En una de sus internadas, la pelota rondó el área en busca de un buen rematador, pero terminó, domesticada, en las manos de Sergio Romero. Los de Batista se defendían con lo puesto, con una camiseta sin escudo, reventados por el calor y la humedad de 'El Nido'.
Después del descanso, los de Batista salieron con otro aire, conscientes de su superioridad y sus galones. En 12 minutos, ya habían llegado más al área rival que en toda la primera parte. De esa manera, la defensa africana terminó cediendo al contragolpe, en una jugada iniciada por Messi y su clarividencia extraterrestre.
Di María, que terminó el partido en camilla por un golpe de calor, recibió un buen pase de 'La Pulga', se plantó ante el portero y picó el balón con la zurda. Argentina lo celebraba sabiéndose campeona de antemano, ante una selección que volvió a los rezos y se olvidó de tirar a puerta.
En apenas 10 minutos, los nigerianos tuvieron cuatro oportunidades clarísimas, pero ni siquiera el excelente '14' fue capaz de batir a Romero. Los sudamericanos caminaban, con un paso estiloso, sin alardes, hacia su segundo oro consecutivo. Nigeria, como se presumía, no estaba preparada para recibir un nuevo milagro.
